Cáncer: riesgos reales y fantásticos

Sobre la pervivencia de los mitos sobre las causas del cáncer y sus implicaciones

Autor: Gonzalo Casino Fuente: IntraMed / Fundación Esteve

El relato social del cáncer contiene todavía demasiados cuentos y adornos de fantasía, demasiadas metáforas y ficciones. A pesar de los ríos de tinta y los diluvios de información científica que inundan desde hace décadas el juicio de la gente, perviven un sinfín de mitos e ideas equivocadas sobre las causas y posibilidades de prevención de este conjunto de enfermedades que afectarán a casi la mitad de la población a lo largo de su vida.

Una de las mayores dificultades para que calen los datos ciertos y los hechos reales es que hay más de 200 tipos de cáncer y que las posibilidades de supervivencia varían entre el 1% y el 98%. El día en que dejemos de hablar del cáncer como una sola enfermedad, la comunicación será más fácil y provechosa, pero ese día todavía no ha llegado.

Uno de los datos más interesantes que emergen de toda la investigación científica es que 4 de cada 10 cánceres pueden evitarse con cambios en el estilo de vida. Las posibilidades de prevención son, pues, inmensas, pero para eso la gente debe tener claras cuáles son los factores de riesgo o causas reales del cáncer y cuáles son simple fantasía. Y ese es el problema.

En cuatro décadas la supervivencia del cáncer a los 10 años del diagnóstico ha pasado del 25% al 50%

La creencia en factores de riesgo no probados está bastante extendida, según un estudio transversal publicado en el European Journal of Cancer, el primero que explora las creencias de la población sobre las causas reales y ficticias del cáncer. Este estudio refleja que más del 40% de las personas cree que el estrés y los aditivos alimentarios pueden causar un cáncer; en torno al 35% piensa que pueden provocarlo las frecuencias electromagnéticas y los alimentos modificados genéticamente, y, en porcentajes inferiores, también se cree que pueden causar un cáncer los edulcorantes artificiales, las líneas de alta tensión, los teléfonos móviles, los aerosoles, los productos de limpieza, los hornos microondas y beber en botellas de plástico.

Además, al preguntar a la población sobre las causas probadas del cáncer, el 88% acierta al identificar el tabaquismo y el 80% el tabaquismo pasivo; porcentajes inferiores identifican el sobrepeso, los rayos ultravioletas y el tener familiares con cáncer, pero solo el 30% sabe que el bajo consumo de frutas y verduras aumenta el riesgo del cáncer, y la mayoría de los encuestados no reconoce otros factores de riesgo como son el consumo de alcohol y la inactividad física.

Estos resultados corresponden a una muestra de la población inglesa y no son extrapolables. Tampoco se sabe si el conocimiento de las causas del cáncer está mejorando o empeorando, pues faltan estudios con los que comparar. Se sospecha que las redes sociales podrían facilitar la difusión de ideas equivocadas, pero esta es una cuestión que todavía hay que estudiar más y mejor. Sí parece claro, como apunta el estudio del EJC, que un mejor conocimiento de las causas reales se asocia con un estilo de vida más saludable.

Sin embargo, la creencia en causas no probadas no se asocia con un peor estilo de vida y, lo que es más paradójico, quienes identifican mejor las causas reales del cáncer identifican peor las causas falsas. Se puede especular que hay personas que tienden a sospechar de todo, pero todavía hay muchos cabos que atar. Y, sobre todo, queda mucho trabajo de comunicación para que la gente sepa discernir la realidad y la fantasía, y así pueda tomar mejores decisiones sobre su estilo de vida. Gracias a los tratamientos, en cuatro décadas la supervivencia del cáncer a los 10 años del diagnóstico ha pasado del 25% al 50% en los países más desarrollados, pero queda todavía mucho margen de mejora para que esos cánceres ni siquiera lleguen a desarrollarse.